Descripción BODEGA: Dharma de Negón es una de las interpretaciones más profundas y trascendentales del espíritu de Bodegas Negón. Nace del respeto absoluto a los viñedos centenarios del Valle del Riaza, un territorio marcado por la historia vitícola de la Ribera del Duero y por generaciones que han cultivado la tierra desde una relación íntima y espiritual. Para la familia Negón, Dharma representa un concepto ancestral: el origen, el deber y la responsabilidad hacia aquello que recibimos y que debemos preservar. Es la continuidad de un legado. Es memoria líquida. El vino toma su nombre del principio filosófico que habla de propósito y de destino. Como la flor de loto que emerge desde los lodos para convertirse en símbolo de pureza y perfección, Dharma surge de viñedos que fueron rescatados del abandono y devueltos a la vida bajo prácticas biodinámicas. La bodega recuperó estas plantas centenarias con paciencia y un profundo sentido de deber, convirtiéndolas nuevamente en fuente de belleza, energía y expresión. El trabajo no nace de la técnica, sino del compromiso emocional con la tierra heredada de los abuelos, un legado que hoy se cuida para ser entregado a la siguiente generación. VINO: Dharma es un vino que se construye desde la esencia del terroir ancestral del Valle del Riaza: suelos aluviales de guijarros, capas de arenas armonizadas con arcillas y un fondo calizo que aporta tensión, identidad y grandeza. Las viñas —de más de cien años— se encuentran a 850–875 metros de altitud, donde el clima extremo y la amplitud térmica producen uvas concentradas y llenas de carácter. El ensamblaje combina Tinta Fina (90 %), Albillo (5 %) y Garnacha Tinta (5 %), cada una aportando un matiz distintivo: estructura, finura, frescura y un registro aromático de gran complejidad. La vinificación sigue un camino meticuloso y casi ceremonial. La vendimia es manual, con triple selección y recogida en cajas. La fermentación es espontánea durante aproximadamente 30 días, utilizando únicamente levaduras autóctonas, y se realiza íntegramente en barricas nuevas de roble francés cerradas, donde tiene lugar tanto la fermentación alcohólica como la maloláctica. Después, Dharma permanece 29 meses en las mismas barricas, reposando sobre sus lías naturales. El vino no se filtra ni se estabiliza, preservando su alma intacta. Finalmente, las botellas descansan bajo tierra, en una bodega subterránea tradicional a siete metros de profundidad. Allí, en silencio y oscuridad, el vino adquiere armonía y redondez, mostrando su verdadera dimensión: la fuerza de lo ancestral, la elegancia del tiempo y la nobleza de un vino creado desde la fidelidad a la tierra.